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miércoles, 5 de junio de 2013

115º aniversario del nacimiento de Lorca

Oda a Salvador Dalí


Una rosa en el alto jardín que tú deseas. 
Una rueda en la pura sintaxis del acero. 
Desnuda la montaña de niebla impresionista. 
Los grises oteando sus balaustradas últimas. 

Los pintores modernos en sus blancos estudios, 
cortan la flor aséptica de la raíz cuadrada. 
En las aguas del Sena un ice-berg de mármol 
enfría las ventanas y disipa las yedras. 

El hombre pisa fuerte las calles enlosadas. 
Los cristales esquivan la magia del reflejo. 
El Gobierno ha cerrado las tiendas de perfume. 
La máquina eterniza sus compases binarios. 

Una ausencia de bosques, biombos y entrecejos 
yerra por los tejados de las casas antiguas. 
El aire pulimenta su prisma sobre el mar 
y el horizonte sube como un gran acueducto. 

Marineros que ignoran el vino y la penumbra, 
decapitan sirenas en los mares de plomo. 
La Noche, negra estatua de la prudencia, tiene 
el espejo redondo de la luna en su mano. 

Un deseo de formas y límites nos gana. 
Viene el hombre que mira con el metro amarillo. 
Venus es una blanca naturaleza muerta 
y los coleccionistas de mariposas huyen. 

 

Cadaqués, en el fiel del agua y la colina, 
eleva escalinatas y oculta caracolas. 
Las flautas de madera pacifican el aire. 
Un viejo dios silvestre da frutas a los niños. 

Sus pescadores duermen, sin ensueño, en la arena. 
En alta mar les sirve de brújula una rosa. 
El horizonte virgen de pañuelos heridos, 
junta los grandes vidrios del pez y de la luna. 

Una dura corona de blancos bergantines 
ciñe frentes amargas y cabellos de arena. 
Las sirenas convencen, pero no sugestionan, 
y salen si mostramos un vaso de agua dulce. 



¡Oh, Salvador Dalí, de voz aceitunada! 
No elogio tu imperfecto pincel adolescente 
ni tu color que ronda la color de tu tiempo, 
pero alabo tus ansias de eterno limitado. 

Alma higiénica, vives sobre mármoles nuevos. 
Huyes la oscura selva de formas increíbles. 
Tu fantasía llega donde llegan tus manos, 
y gozas el soneto del mar en tu ventana. 

El mundo tiene sordas penumbras y desorden, 
en los primeros términos que el humano frecuenta. 
Pero ya las estrellas ocultando paisajes, 
señalan el esquema perfecto de sus órbitas. 

La corriente del tiempo se remansa y ordena 
en las formas numéricas de un siglo y otro siglo. 
Y la Muerte vencida se refugia temblando 
en el círculo estrecho del minuto presente. 

Al coger tu paleta, con un tiro en un ala, 
pides la luz que anima la copa del olivo. 
Ancha luz de Minerva, constructora de andamios, 
donde no cabe el sueño ni su flora inexacta. 

Pides la luz antigua que se queda en la frente, 
sin bajar a la boca ni al corazón del bosque. 
Luz que temen las vides entrañables de Baco 
y la fuerza sin orden que lleva el agua curva. 

Haces bien en poner banderines de aviso, 
en el límite oscuro que relumbra de noche. 
Como pintor no quieres que te ablande la forma 
el algodón cambiante de una nube imprevista. 

El pez en la pecera y el pájaro en la jaula. 
No quieres inventarlos en el mar o en el viento. 
Estilizas o copias después de haber mirado, 
con honestas pupilas sus cuerpecillos ágiles. 

Amas una materia definida y exacta 
donde el hongo no pueda poner su campamento. 
Amas la arquitectura que construye en lo ausente 
y admites la bandera como una simple broma. 

Dice el compás de acero su corto verso elástico. 
Desconocidas islas desmiente ya la esfera. 
Dice la línea recta su vertical esfuerzo 
y los sabios cristales cantan sus geometrías. 



Pero también la rosa del jardín donde vives. 
¡Siempre la rosa, siempre, norte y sur de nosotros! 
Tranquila y concentrada como una estatua ciega, 
ignorante de esfuerzos soterrados que causa. 

Rosa pura que limpia de artificios y croquis 
y nos abre las alas tenues de la sonrisa 
(Mariposa clavada que medita su vuelo). 
Rosa del equilibrio sin dolores buscados. 
¡Siempre la rosa! 



¡Oh, Salvador Dalí de voz aceitunada! 
Digo lo que me dicen tu persona y tus cuadros. 
No alabo tu imperfecto pincel adolescente, 
pero canto la firme dirección de tus flechas. 

Canto tu bello esfuerzo de luces catalanas, 
tu amor a lo que tiene explicación posible. 
Canto tu corazón astronómico y tierno, 
de baraja francesa y sin ninguna herida. 

Canto el ansia de estatua que persigues sin tregua, 
el miedo a la emoción que te aguarda en la calle. 
Canto la sirenita de la mar que te canta 
montada en bicicleta de corales y conchas. 

Pero ante todo canto un común pensamiento 
que nos une en las horas oscuras y doradas. 
No es el Arte la luz que nos ciega los ojos. 
Es primero el amor, la amistad o la esgrima. 

Es primero que el cuadro que paciente dibujas 
el seno de Teresa, la de cutis insomne, 
el apretado bucle de Matilde la ingrata, 
nuestra amistad pintada como un juego de oca. 

Huellas dactilográficas de sangre sobre el oro, 
rayen el corazón de Cataluña eterna. 
Estrellas como puños sin halcón te relumbren, 
mientras que tu pintura y tu vida florecen. 

No mires la clepsidra con alas membranosas, 
ni la dura guadaña de las alegorías. 
Viste y desnuda siempre tu pincel en el aire 
frente a la mar poblada de barcos y marinos.

domingo, 7 de octubre de 2012

El cuervo de Poe


Miro al pájaro negro, sonriente
ante su grave y serio continente
y le comienzo a hablar,
no sin un dejo de intención irónica:
«Oh cuervo, oh venerable ave anacrónica,
¿cuál es tu nombre en la región plutónica? »
Dijo el cuervo: «Jamás ».

  Edgar Allan Poe fue un escritor, poeta, crítico y periodista romántico estadounidense, conocido como uno de los maestros universales del relato corto. Fue renovador de la novela gótica, recordado especialmente por sus cuentos de terror. Considerado el inventor del relato detectivesco, contribuyó asimismo con varias obras al género emergente de la ciencia-ficción. Por otra parte, fue el primer escritor estadounidense de renombre que intentó hacer de la escritura su modusvivendi, lo que tuvo para él lamentables consecuencias.


  El 3 de octubre de 1849 Edgar Allan Poe fue hallado en las calles de Baltimore en estado de delirio, «muy angustiado, y [...] necesitado de ayuda inmediata».Fue trasladado por su viejo amigo James E. Snodgrass al Washington College Hospital, donde murió el domingo, 7 de octubre, a las 5:00 de la madrugada. En ningún momento fue capaz de explicar cómo había llegado a dicha situación, ni por qué motivo llevaba ropas que no eran suyas. La leyenda, recogida por Julio Cortázar y otros autores, cuenta que en sus últimos momentos invocaba obsesivamente a un tal Reynolds (acaso el explorador polar que había servido de referente para su novela de aventuras fantásticas La narración de Arthur Gordon Pym), y que al expirar pronunció estas palabras: «¡Que Dios ayude a mi pobre alma!»

  Tanto los informes médicos, como el certificado de defunción se perdieron. Los periódicos de la época informaron de que la muerte de Poe se debió a "congestión" o "inflamación" cerebral, el eufemismo que solía utilizarse para los fallecimientos por motivos más o menos vergonzantes, como el alcoholismo. Hoy en día la causa de su muerte sigue siendo un misterio.

  Este año ha sido estrenada una película sobre Poe, “El enigma del cuervo”.  Me gustó muchísimo y en ella podréis ver muchas de las cosas aquí escritas. Todos los ingredientes de sus obras y por supuesto amor, no podía faltar el amor…Aún así a los que no les guste Poe también pueden disfrutar de la peli!!!Si ya me gustaba este señor, después de ver la película aún más...pues no hay nada mejor para que te pique la curiosidad y quieras profundizar en la vida de una persona.



miércoles, 12 de octubre de 2011

Primer poema

Primero el corazón se acelera,
siento frío en mi cuerpo después,
luego el corazón se para,
y la lluvia comienza a caer.

Así empezó y acabó la locura,
un principio fugaz, a primera vista dicen,
algo mágico, enigmático, misterioso,
hizo que Stendhal resucitara en mi alma.

Incrédulos ellos, radiantes nosotros,
nada importaba, el destinó opinó,
peregrinos exóticos admiramos las señales
un libro, un número, un signo, la noche.

Un húmedo baño en el océano,
la luna retrataba un dalí,
rubor escondido como piedras sumergidas,
milagro de años, sólo tú el mago.

Hogar colmado de recuerdos,
calidez en las oscuras sábanas,
carcajadas en las pantallas,
quietud en el corazón.

Infinitos parecían los placeres,
números incontables de suspiros,
las uñas rasgaban el día,
sintiendo esas únicas melodías.

En el camino a veces tinieblas,
a veces sombras, a veces luz,
a veces silencio, a veces placer,
a veces lluvia, a veces risas.


Primero el corazón se acelera,
siento frío en mi cuerpo después,
luego el corazón se para,
y la lluvia comienza a caer.

Así empezó y acabó la locura,
así el amor hace de las suyas.


domingo, 25 de septiembre de 2011

Malditas

Malditas las faltas de ortografía,
halitosis de la escritura fácil.

Maldito el móvil en su caligrafía,
que aligera vocal para ser ágil.

Malditos sean el ‘deque’ y el ‘mese’,
el vanidoso ‘contra’ en vez del ‘cuanto’,
el ‘laísmo’ que a Madrid no regrese
punes junto al ‘leísmo’ y el ‘ejque’ dan llanto.

Maldita sea la ausencia de eñe,
no la capéis, no le quitéis su rabo
ni la travistáis de ene, ¡leñe!
Paso. Antes me como un nabo.
Maldita la prisa, el e-mail y la errata.
Mensajes me mandan que nunca entiendo.
Por eso contesto: ‘sí’, y eso me delata,
y de la confusión soy preso. 

Estoy sufriendo,
pues le di el ‘sí quiero’ a una mulata
con el cuerpo de Eva y más rabo que una lata.

Malditas las faltas de ortografía.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

El turno de la Rosa


Donde la noche
se enamora del misterio
y envuelve con su capa
a esas almas heridas de soledad,
para que no mueran de frío…

Donde la noche se transforma
en una voz,
y acuna a la imaginación
y a los sueños de libertad…

Donde la esperanza
pasea de la mano del saber,
el misterio desenvaina una sonrisa,
y antes del amanecer
te besa con calma, sin prisa,
con besos hechos de voz,
con caricias que, pegadita a tus sábanas,
aparezca una flor
hecha de tus lágrimas
de Fuerza y Honor.

Donde van a morir los lamentos,
donde te espero,
donde te quiero,
en la Rosa de los Vientos


PD: es curioso, hasta hace unos días no me había fijado, pero la Rosa de los Vientos que tengo tatuada (la de la foto) tiene una imperfección minúscula, y esa imperfección en un mapa de España se situaría en Murcia...

lunes, 29 de agosto de 2011

Vivir no es solo respirar (I)


Si nunca sientes amor,
jamás sentirás pérdida.
Pero será una existencia
en blanco y negro,
incompleta.
Será como engullir la vida
sin paladearla.

Si nunca sientes miedo,
jamás sentirás peligro.
Pero nunca estarás alerta
y el destino te pegará duro.
Y tu castillo de naipes
caerá bajo el soplido de una vida plana,
inconsciente,
sin sabor.

Si nunca sientes el dolor de un adiós,
jamás morirás en vida,
de pena y melancolía,
para renacer con un beso,
con un hola,
con un regreso.

Bébete la vida.
Bébetela a sorbitos.
Pero aprende a sentir
amor, dolor y miedo.
La vida no es solo respirar.
Vivir duele…

miércoles, 24 de agosto de 2011

¿La Poesía amansa a las fieras?



El rojo carmín pintaba mis labios, sonreír en el espejo me dio más fuerzas aún para enfrentarme a ello. Ese era mi reflejo, preciosa, radiante, apetecible. Veía a una chica con el pelo castaño, brillante, sedoso, perfumado, ondulado, cayendo por sus pechos y por sus hombros descubiertos. Llevaba un vestido negro, sin tirantes y escotado. De manera que el sujetador invisible pudiera realzar mis pechos y dejar volar la imaginación entre ellos. Bajando por las curvas del placer, el vestido terminaba dos palmos por encima de las rodillas. Dejando ver debajo unas medias negras de encaje con flores entrelazadas, que hacen que mis piernas sean el camino perfecto hacia la fuente del placer. Cuanto más me miraba menos me reconocía y más me gustaba, no quiero imaginar que pensarán mis hombres cuando me vean. Si fuera así por la calle sería violada varias veces un mismo día por distintas personas, incluso al pasear y ver mi reflejo en los escaparates yo misma me hubiera violado.

Después de contemplarme en silencio 15 minutos en el espejo, decidí rematar la provocación poniéndome algún colgante llamativo y brillante, de esta manera los ojos de ellos irán más directos a mi canalillo. Una vez maquillada, vestida y perfumada cogí  mi bolso y salí de casa para dirigirme ya al lugar al que jamás pensé que fuera a ir en mi vida. Un lugar lúgubre, dónde la gente prefiere no entrar y no verse envuelta en tanta perversión. Fui andando, quería mentalizarme y acostumbrarme a ser vista por todos, quería ir saboreando la sensación que se siente al ser deseada por todo hombre que me mirase. Y así fue, las miradas, las sonrisas, los guiños y las bocas abiertas eran algunas reacciones que pude ver mientras dejaba mi aroma por la ciudad. En ese momento sin duda me sentía deseada, andaba con la cabeza bien alta desde el segundo piropo. Mientras, memorizaba aquello que tenía que decir cuando llegara a mi destino y realmente estuviera encerrada con esos hombres.

Ya había entrado en el edificio. Lo único que oía era mi corazón latir con fuerza y mis tacones clavándose en el suelo a cada paso. Dos guardias babeantes me acompañaban a mi destino. Ambos muy serviciales, como adolescentes se peleaban por abrirme las puertas y facilitarme el camino. Estaba todo más oscuro de lo que pensaba, las luces por estos pasillos eran suaves. Deseaba que al llegar con ellos siguieran siendo igual de suaves para no sentirme tan violenta. Sentía que mi colgante tenía vida propia y me quemaba en el pecho, como si fuera la pila que me mantenía erguida y caminando. De vez en cuando oía voces procedentes de mi entorno, eso me ponía aún más nerviosa. Los guardias olían mi miedo, uno de ellos me miró de tal forma que me relajó, una mirada de complicidad y consuelo. La sonrisa del otro me dijo que estaba loca por meterme dónde iba a meterme.

Por fin llegamos, los guardias me abrieron la puerta y me dejaron en el pasillo sola, vigilándome por supuesto. Mi mente estaba paralizada, sin saber que hacer, pero me puse a caminar entre las dos filas de celdas. No veía bien los rostros de cada preso, pero sin duda todos empezaron a gritar, a salivar, a soltar toda clase de obscenidades posible, silbaban, me miraban, sacaban los brazos de sus rejas intentando tocarme y llegar a mi. Algunos se bajaron los pantalones, otros simplemente estaban embobados sin entender qué pintaba yo allí. Una chica joven, con esas pintas, paseándose delante de ellos. No me asusté, seguía caminando de una punta a otra, provocando con mis movimientos, hasta que me paré en medio y empecé a recitar:

Al brillar un relámpago nacemos, 
No conseguían oírme con claridad, aún estaban todos inquietos gritando, subí la voz


y aún dura su fulgor cuando morimos; 
¡tan corto es el vivir!



De pronto todos callaron y comenzaron a oír esta rima de Becquer que salía de mis labios…


La Gloria y el Amor tras que corremos 
sombras de un sueño son que perseguimos; 
¡despertar es morir!



Al terminar el primer poema sólo se oía el silencio, no sabía si el silencio era buena señal, yo aún oía mi corazón, decidí continuar con Espronceda…


Con diez cañones por banda,


Nada más empezar algunos ya rieron, se notaba que la conocían…sonreí y seguí


viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín…


Estaban entusiasmados, alucinados, acostados en sus celdas oyéndome, algunos llorando, otros riendo, querían que siguiera. Becquer, Neruda, Espronceda, Miguel Hernández…estuve unas dos horas con ellos recitándoles mientras me paseaba delante de cada celda tranquilamente. Les vi llorar, sonreír, aplaudir, agradecer, silbar (y esta vez no por mi cuerpo). Se les olvidó por completo que yo era una mujer, una mujer provocativa, una mujer que olía de maravilla cerca de ellos. De repente simplemente fui esperanza, sosiego, paz, alegría, novedad…Al irme sólo recibí palabras bonitas. Seguro que nadie había visto  tantas lágrimas en rostros masculinos a la vez, esas lágrimas terminaban en una sonrisa de agradecimiento. Yo les sonreí y miré a todos sin decir nada. Y me dispuse a salir de allí, los guardias también estaban sobrecogidos. Les di  varias fotocopias de los poemas que había recitado para los presos. Ambos me acompañaron a la salida y por última vez en la cárcel recibí un: gracias.