Me fui a Madrid a pasar unos días con mi príncipe azul. Pero hasta la hora antes del comienzo del musical no había sido plenamente consciente de que por fin, después de 3 años, iba a verlo. A pesar de alojarme en la Gran Vía prácticamente, y estar a 5 o 10 min del evento, salí con una hora de antelación. Iba super nerviosa, corriendo, suspirando y apretándole la mano todo el camino. Cuando llegamos a la puerta del teatro nos vemos la policía y los bomberos con un coche que estaba en frente que estaba ardiendo. Nivel de estrés aumentando, me alegró saber que no ocurría nada dentro del teatro.
Una vez en la puerta y viendo que estaba llena de gente, me fui relajando un poco. Todo el mundo intentaba hacerse fotos en la entrada, aunque la verdad es que hacerse fotos rodeada de gente no me molaba tanto, así que preferí esperarme al final. Cuando entramos fuimos directos a compararnos los vasos y las palomitas del musical, así luego sería un bonito recuerdo quedártelo todo. Además el resto de objetos del musical serían carísimos,ni nos planteamos acercarnos a mirar. Aprovechamos para hacernos una foto con la cara del rey león, ya que no había mucha aglomeración en esa zona. Y ya, sin más preámbulos, nos pusimos en la cola para entrar a nuestras butacas. Ahora sí me iba poniendo más nerviosa, quería que empezara ya por favor!
Por fin avanzaba la cola, aunque delante de mi tenía a un señor mayor con un móvil. Sí, un señor mayor con un móvil intentando hacer cosas con él. Es decir, iba super lento y para nuestra impaciencia y estrés no ayudaba nada. Finalmente lo esquivamos y pudimos encontrar nuestras butacas en segunda fila, por desgracia al llegar nos dimos cuenta que en las filas de detrás teníamos un puto colegio catalán que no paraba de dar el follón. Solo nos quedaba la esperanza de que cuando empezara el evento se callaran, así que hasta que empezó estuvimos comiéndonos las palomitas, mirándonos, criticando a la gente de alrededor y deseando como locos que empezara ya. No voy a entrar en muchos detalles de la decoración y distribución de todo. Solo diré que la orquesta la tenía pegadísima a mí y era genial poder ver al director desde mi asiento.

La señora de la voz anuncio que iba a comenzar el espectáculo y que apagáramos los móviles. No podía soltar a mi chico y seguramente cada vez le apretaría más la mano. De repente comenzó con el famoso grito de Rafiki...(ya estoy llorando solo de acordarme y oírlo)y la canción de El Ciclo Vital.
No pararon de salir animalitos por todas partes. Todo absolutamente grandioso.Cantaban genial. Empecé a llorar como una loca, aunque intentaba contener los pucheros no podía. Estaba viviendo en directo uno de mis sueños, la infancia con la que nací, la película que me he ido viendo cada año desde que tengo uso de razón. Tenía a esos personajes encima de mí prácticamente, cantándome, bailando y emocionándome como nunca lo he hecho en mi vida. Era tan absolutamente grandioso que nos quedábamos con la boca abierta literalmente. Mi cuerpo, mi cabeza y mi corazón no podían creer lo que estaban presenciando. Jamás habían sentido nada así y no daban crédito. Supongo que la mano de mi chico ya estaría rota. Y solo acababa de empezar.No solo es música, es danza, es arte, es sentir el aire del vuelo de los pájaros encima de mí. Es que se te eriza la piel desde el segundo uno. Creo que se me olvidó respirar. No quería que ese momento acabara nunca.(Sigo llorando al recordarlo). No entendía, ni entiendo, cómo es posible que eso exista. Que todos esos actores y todo ese equipo estuvieran haciendo eso tan grandioso y que lo hicieran tan bien. Que consiguieran hacernos llorar y emocionarnos así, con la belleza.
Conforme salían nuevos personajes y avanzaba el espectáculo, mejoraba si cabe. Cada escena era increíble y emocionante. Pero llegó otro momento de llorera y de "Síndrome de Stendhal" en el momento en el que Simba de mayor ve el reflejo de su padre en el agua. No podía creer lo que veía. ¿Acaso se podía mejorar una película? Sí, se puede. A veces no podía ni aplaudir porque estaba de piedra. Y ya por último la canción final del musical también fue otra explosión de emociones, resumía todo lo que había sido el espectáculo.Aquí sí aplaudí, no quería que terminara, miraba a mi chico y ambos pensábamos igual. GRANDIOSO.
Cuando los actores,artistas o mejor dicho, Dioses, se despidieron y la gente empezó a levantarse, yo aproveche para otra cosa. Nos acercamos a la zona de la orquesta a verla desde ese ángulo. Hicimos fotos. Y no podía parar de emocionarme. Nos abrazábamos y nos mirábamos como si acabáramos de pisar el paraíso. Necesitaba respirar y asumir lo que acababa de presenciar. Él entendía mis lágrimas mejor que nadie. Y así es, no vi a nadie llorar a mi alrededor ni sentir lo que nosotros sentimos.Cuando ya había salido casi todo el mundo del teatro empezamos a salir. Intentaba no recordar lo vivido hace 5 minutos porque sino me echaba a llorar de nuevo. Sin embargo mi príncipe azul no ayudo a esto. Me regalo el peluche de Nala a la salida. En ese momento hubiera deseado morir, no podía sentir más felicidad.
Al principio sentí rabia por esas personas que decían que el musical era una mierda y que no les gustó. Ahora siento pena. Siento pena porque no hayan podido disfrutarlo como yo, que sientan tan poco las cosas que no sean capaz de disfrutar algo así. También me siento especial yo por haberlo hecho. Hubiera pagado el doble si hubiera sido necesario. Jamás se me olvidará ese 6 de mayo de 2014. Jamás olvidaré esa sensación. Esa oportunidad. Esa suerte.Ese privilegio.Ese grandioso momento.




























