La luna cala por mi ropa ligera hasta mi piel Sugita Hisajo
No sabría cómo explicar lo que siento al verla. Llevo un rato buscando palabras en mi mente para describir esa sensación tan fuerte. Ya sabéis que me encanta mirar el cielo, sean las horas que sean y cuando sea. Sin embargo, no sé si la gente como yo lo compartirá, cuando miro al cielo distingo dos tipos de sentimientos. El primero es aquel en el que se ven las constelaciones a la perfección, hay lluvia de estrellas o es una noche normal como cualquier otra. Ese es un tipo de sentimiento muy distinto al que quiero intentar describir a continuación.
El segundo tipo de sentimiento es el que me invade cuando veo la luna llena. No cuando veo, sino cuando miro, observo y me embobo. Puede sonar a ñoñería, a fantasía o a estar mal de la cabeza. Me da igual cómo suene.
Me siento extraña, diferente, que no pertenezco a este planeta. Me da por pensar ¿Cuántas personas estarán mirando la luna en este preciso instante? ¿Cuántas la mirarán y sentirán lo que yo? ¿Serán extraterrestres como yo? ¿Como serán sus vidas? Me encantaría poder reunir a todas esas personas en ese momento y sentirme tan cerca de ellos como de la luna.
Me siento poderosa, como si fuera una hechicera que recarga sus poderes con la luz de la luna. Ella se comunica conmigo.
Llevo unos días un tanto agitada. Noto vibraciones por todo el cuerpo. Estoy con mis sentidos a flor de piel. Siento que soy de seda y que cualquier cosa que me roce es una explosión de sensaciones y excitación. Hoy es un día de frío. Y a pesar de quedarme en casa en pijamita y no salir como la mayoría de jóvenes un sábado, no he podido evitar salir a mirar la luna esta noche un ratito.

El aire frío y la luz de la luna en mi cuerpo y mi cara me invaden. Ese viento que noto mientras la miro me desnuda, con los rayos de la luz de la luna, con sus danzas por los rincones de mi cuerpo. Es como si al mirarla esos rayos imaginarios de su luz llegaran hasta mí para recargarme, para hablarme, para darme escalofríos, cegarme y erizarme. Me siento en conexión absoluta con la luna.
Siento su energía,siento paz y libertad. Siento que quiero volar hasta ella y que envuelva mi desnudez. Noto cómo me acaricia y me arropa a la vez. Su poder de atracción es tan fuerte que quiero entregarme a ella. Oigo su magia, mi cuerpo entero la oye susurrarme. Y si no fuera porque realmente puedo enfermar de frío, me quedaría contemplándola toda la noche y extasiandome con ella. Por un momento creo que mi cuerpo también brilla y desprende toda esa luz, una luz suave, delicada pero contundente. Noto la humedad en mis labios y los ojos vidriosos.Y no quiero que acabe nunca esa sensación, ya que hace olvidarme de todo por unos segundos, y me siento menos sola que nunca.
Como ya dije en otra entrada, hay varios tipos de lunas llenas, este mes toca la Luna Llena Fría o Luna Llena de las Largas Noches (diciembre): durante este mes el frío del invierno es mucho más intenso y las noches son más largas y oscuras. También se la llama a veces la Luna antes de la Navidad. El término Luna de las Largas Noches es un nombre sumamente apropiado porque la noche del pleno invierno es de verdad larga, y porque la luna está encima del horizonte durante mucho tiempo. La Luna llena de pleno invierno tiene una alta trayectoria a través del cielo porque está de frente a un Sol muy bajo en el horizonte.
Firmado: Lunática
PD: el concierto muy bien xDDDDDDDD























