Con un cappuccino con cacao fresquito y la tímida luz que entra por las rendijas de la ventana aquí me encuentro escribiendo después de mucho tiempo sobre algo que he vivido y que no deberíais dejar pasar la oportunidad ninguno.
18.55 de la tarde un 6 de julio a unos 30 grados. Me dirijo con un perfecto acompañante a la carpa del circo El Manicomio de los Horrores. Típica carpa blanca de circo en la que me extrañaba desde lejos no ver alguna especie de chimenea echando humo ya que tenía pinta de montarse dentro una buena barbacoa con nuestros cuerpos. Llegamos a la puerta y dos personas normales y corrientes están encargadas de coger nuestras entradas…
Sí, he dicho dos personas normales y corrientes pues una vez pasado esa zona aquello se convirtió en un verdadero manicomio. Mientras vamos a ciegas por un pasillo se oían ya gritos y ruidos raros dentro…un ser intenta abordarnos a través de una reja…y por fin llegamos.
Quizá me pase de exagerada o realmente la demente sea yo, pero os puedo asegurar que aquello era una auténtica locura de gente. Me acerqué a una enfermera que parecía estar más cuerda que los demás y en teoría eran las azafatas que nos indican los asientos, super cariñosas me dicen donde teníamos que sentarnos. Mientras una de ellas me indica mi asiento de repente siento un grito a mi espalda…primer susto, genial. Estamos en segunda fila, lo que implica mejor vista del escenario y ser mejores blancos para que los enfermos mentales nos asusten. ¿Dónde me he metido? Por suerte no hace tanto calor como pensaba, una vez sentados estamos bien.
También hay por aquí otros personajes dignos de mención. Como la típica niña siniestra en la cama con su peluche, una monja, el loco con la sierra eléctrica, otros con mascaras extravagantes, un payaso baboso cabrón que quiere morrear a todos (llenándonos de babas), una histérica que se sube en las espaldas de los hombres que estaban de pie, una enfermera que le gusta jugar clavándose agujas en la cara para que nosotros se las saquemos…y supongo que el que más me gusta es ese loco que parece electrocutado y bipolar. Va sentándose en los asientos de la gente, dando voces, pegando saltos, contorsionándose y asuntándonos a todos. El muy maldito se pone lentamente detrás de mi oreja y… UUUUUUUUUUUUUUUGHHHH!!!! En fin, que nos pasamos la media hora previa al espectáculo con el cuello girado con miedo a ser sorprendidos, creo que jamás he mirado tantas veces a mis espaldas. Y por fin va a dar comienzo el show, la Chica de la Voz nos avisa que vigilemos a nuestros maridos o novios para que no toquen los culos de las enfermeras, nos recomienda que nos tomemos la medicación y que apaguemos los móviles. Ya desaparecen los locos y los gritos de entre las butacas.

Todo empieza con la electrocución de un señor calvo, con lentillas, gran nariz, grandes orejas, maquillaje siniestro, en una silla eléctrica. Parece ser una especie “presentador” o “narrador” del trayecto manicomial, aunque por supuesto él también da un buen espectáculo de risas y repugnancia a la vez. Sale al público, lame calvas y manos, hace chistes verdes, se come nuestras palomitas, se ríe de las rubias y juega un poco con nosotros vestido de betelchus. Él y mi loco bipolar son mis prefes. No voy a detallar las dos horas de espectáculo pero sí diré que me pareció muy bien organizado. Recordemos que es un circo y, como tal, se necesitan técnicos que monten el escenario entre actuación y actuación. En esos pequeños intervalos es cuando salían estos psicóticos a hacernos reír y a entretenernos. Las actuaciones eran impresionantes…ni “Tú si que vales” ni leches, el Circo de los Horrores es espectacular. Hay dosis de todo tipo, de malabarismo, humor, contorsionismo, saltos, algo de erotismo, magia y…la famosa niña que nombré al principio (que tan intrigada me tenía) preparó algo precioso sobre Alicia que me dejó atontadita.En resumen, mereció la pena, me alegré de no estar en primera fila y que no me sacaran al escenario…acabé con la mandíbula y la espalda dolorida (de reírme y de la tensión de los sustos, mal pensados). Lo único que no me encajó mucho es la barbaridad de chistes subidos de tono que hicieron, en teoría también es algo familiar y no me pareció correcto para la gran cantidad de niños que había. Pero bueno, yo no soy una niña y disfruté de lo lindo! Así que para acabar me despido de vosotros con el lema que encabezaba este circo…
No son todos los que están ni están todos los que son.


Hummm me gusta el teatro pero no me van este tipo de cosas xDD (no me gusta que los desconocidos me toquen!!!) Pero me alegro que tú lo pasaras genial!! jijiji ^^
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