miércoles, 28 de marzo de 2012

Ludovico Einaudi

Encontramos nuestros asientos,4º fila, no está nada mal. Aunque el piano estaba situado en el centro del escenario, así que no veríamos las manos del pianista al tocar. Al menos el piano estaba abierto y podíamos ver el reflejo por dentro. El teatro era pequeñito pero acogedor y bonito, las luces estaban encendidas pero de manera muy suave. La gente iba llegando poco a poco y al final se llenó al completo. Las butacas estaban tan juntas que se podía distinguir la edad de los asistentes por los diferentes perfumes y aromas de las personas que nos rodeaban. 

Me sorprendió muchísimo que tanta gente amara a este señor tanto como yo. Todos nosotros estábamos ahí por el mismo motivo, porque nos transmite lo mismo y porque nos hace volar con sus manos de la misma manera. Mi amiga y yo estábamos nerviosas en los asientos, ambas sentíamos lo mismo, era la primera vez que asistíamos a algo así y no estábamos seguras de cómo reaccionaríamos. ¿Se nos haría pesado? ¿Distinguiríamos 2 horas de canciones a piano? Yo pensaba que sí, porque si en casa lo hago en teoría allí también debería. Ambas sabíamos que íbamos a llorar. A ella le daba miedo por las lentillas y a mi por terminar con la cara negra, no tenía que haberme pintado los ojos! La Señorita Voz, nos informaba de cuanto tiempo quedaba para que empezara el espectáculo. Las ganas y los nervios iban aumentando. Mi amiga se preparó con los pañuelos y yo me puse las gafas y me agarré al bolso para tener algo que apretar cuando apareciera el gran Ludovico Einaudi.


Las luces se apagaron progresivamente y los aplausos empezaron incluso antes de que apareciera el maestro. Salio a escena con la elegancia propia de un pianista y de un italiano. Se sentó…y…empezó a tocar. Estaba todo oscuro, solo una luz iluminaba a Ludovico desde el techo. Era como si el cielo se hubiera abierto para iluminar a un ángel en medio de la oscuridad. No puedo describir la sensación, no puedo describir lo que me producía el simple hecho de ver a un ídolo iluminado de esa manera. Ni puedo describir el escalofrío que sentí cuando empezó a tocar. Normalmente los conciertos suelen tener peor directo que los discos grabados. Esta norma general no se aplica en Ludovico. El sonido era espectacular, parecía que la música estaba metida en mi mente y que sonaba dentro. Me envolvían las notas. Parecía una droga que estaba haciéndome efecto y nublándome la vista. Las notas eran suaves y delicadas, aunque cada canción fuera distinta la música era igual, era una música Ludovica…tranquila, serena, elegante, soñadora, suave…muy suave. No le veía las manos pero sentía como si fuera un cirujano en plena operación de vida o muerte. Como si estuviera haciendo una obra de arcilla. Como si intentara darle forma a una nube. Acariciando una flor. Moldeando el agua del mar. Cosiendo un manto de elegancia, de sueños, de terciopelo, de vida. Miraba su cara y parecía que él también sentía todo eso, a pesar de haber tocado esas canciones mil veces el maestro disfrutaba y cerraba los ojos igualmente cada vez que sus dedos daban una nota.


Durante el concierto seguía la misma estructura: tocaba unas 3 canciones seguidas y paraba para que aplaudiéramos, nos costaba dejar de aplaudir y dejarle continuar, y de nuevo otras 3 canciones, aplausos y agradecimiento al público. Me sorprendió que en uno de esos bloques tocara canciones que parece ser nos gustaban a todos, no solo a mi, pues los aplausos fuertes lo demostraron. Yo me fijaba en la luz, en el reflejo del precioso piano por dentro, en si mi amiga lloraba, y en qué canción sería la próxima. El repertorio fue magnifico, tocó todas las canciones que me conocía (menos una). Hay que darle mucho valor a esto, pues muchas de esas canciones grabadas tienen acompañamiento de otros instrumentos, así que Ludovico tuvo que cambiar algunas cosas y darles vida de otra manera, solo a piano. Y lo consiguió, vaya si lo consiguió. En mis canciones preferidas tenía que morderme el labio porque cambiaba algunas notas, alargaba otras y…como me conocía las canciones de memoria estaba en tensión deseando oír la próxima nota! Cada vez que tenía que aplaudir me daba cuenta que no estaba soñando, tenía las manos dormidas, que seguían apretando el bolso y que yo estaba inmóvil hipnotizada mirándole. Y por fin llegó…la canción que me hizo estremecerme, escalofriarme, recordar y llorar: Nuvole Bianche. Cerraba los ojos de vez en cuando e imaginaba y recordaba mil cosas. Recordaba mi vida, recordaba lo primero que sentí la primera vez que oí esa canción cuando alguien muy especial me la pasó, cuando alguien muy especial me la pasó a voz y lo que me gustaría que esa persona estuviera con nosotras.


Al segundo de haber empezado el concierto había pasado ya hora y media. Mi amiga y yo nos miramos alucinadas, era imposible!!! No podía haber acabado tan pronto! En mi vida nada se me ha hecho tan corto. Si quedaban dudas de si me ha gustado o no, está claro que me encantó! El público parecía opinar igual, la gente aplaudiendo como loca y gritando “¡¡bravo!!”, la norma social de cortarnos más en un teatro que en un concierto de una plaza de toros se fue al cuerno. La gente silbaba, aplaudía y gritaba igual. Y aunque no se pudieran hacer fotos al final Ludovico también fue iluminado por nuestras cámaras y móviles. El elegante hombre, con esa porte, fragilidad y esa paz interior nos agradecía los aplausos con reverencias. Se fue del escenario pero seguimos aplaudiendo y pidiendo otra. Al poquito apareció y volvió a tocarnos otros 15 min más. Mi amiga se pensaba que se había librado de llorar porque no había tocado su canción, pero justo en esos 15 min la tocó y la pobre rompió a llorar como una niña. Y de nuevo todos en pie, alabando a nuestro Dios. Ahora entiendo de donde sale tan buena música, de donde salen esas composiciones a piano, Ludovico es su música.

En conclusión: mereció la pena recorrerme el país y 20 horas de viaje para presenciar lo que acabo de describir. Perfecta compañía y perfecto espectáculo.

Gracias María, gracias destino, gracias música, gracias a los padres de Ludovico y gracias Ludovico.
GRACIAS.



 PD: las dos canciones subidas son las dos que nos hicieron llorar.

5 comentarios:

  1. Que felicidad siento ahora mismo. Me quedaría tirado en la cama ahora mismo, sonriendo nada más.

    (:

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  2. Un gran artista, que por lo que veo demuestra serlo también en directo. Me alegro de que lo pasarais tan bien. De hecho me da envidia haberme perdido todo cuanto detallas con gran emotividad. Un gran beso.

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  3. Mey,he de agradecerte que gracias a ti conocí a este artista,y que me encantan sus composiciones.
    No me parece nada anormal que os lo hayáis pasado así de bien.
    Felicidades,tanto recorrido al final mereció la pena^^

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    1. No sabes cuanto me alegro haberte descubierto a Ludovico y más aún me alegro que te guste porque es impresionante,creo que hay que tener una sensibilidad especial para llegar a él.

      Nos lo pasamos en grande chiiiiiiiiiiiii.
      Gracias por comentar!!Un abracito

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  4. Ayyyy Mey, qué bonito lo has escrito todooo, buaahhh, no te ha faltado ni un detalle :) Fue una experiencia especial, maravillosa y fugaz, y mereció la pena vivirla contigo. Muchas gracias por hacerlo posible!!! iloveyouuuuuu :D :D

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Cada vez que comentas me regalas una sonrisa^^